Crónica de un Malabara’t que pone los pelos de punta y el listón muy alto

malabarat el gran karoli

La piel de gallina. Literalmente. No es de extrañar que hasta a Marta Martín, malabarista y directora del festival Malabara’t de Vila-real, se frotase el brazo con la mano y se quedase con la boca abierta cuando acabó la actuación de UpArte. Un espectáculo de acrobacias en al aire, de piruetas y de vuelos casi imposibles, de danza a dos metros de altura y burlando la ley de la gravedad. Intenso, emocionante, que arrancó los aplausos más sonoros de la jornada vespertina del sábado. Marta no fue la única que tenía los pelos de punta después de ver lo que fueron capaces de hacer los seis artistas sobre el escenario.

Uno de esos espectáculos difíciles de describir. Que te deja con el ay en la boca. Que sorprende. La concentración, el esfuerzo y la entrega de los integrantes de UpAparte tuvo su correspondencia en un público que no dejó sin aplaudir ni una sola de las acrobacias, de los mortales, de las volteretas a varios metros de altura o las torres humanas. Sin exagerar. La plasticidad del ejercicio impresionó.

Uparte

La de UpArte cerró las funciones del sábado tarde del Malabara’t, un festival que desde que arrancó en 2012 (dos años antes tuvo su precedente con Lánzalo) ha crecido en todo. En público, más numeroso y más variado. En inscripciones, este año la escalinata del Termet de Vila-real se quedó pequeña. En espectáculos, con una programación más intensa y consistente. Se nota la currada que hay detrás. Desde Marta Martín, que también preside la Asociación de Malabaristas de Castellón (AMACA), a Nerea Coll, la fotógrafa oficial del encuentro, a María y Lorena de Yinsen Studio, y todos los que hacen posible que el circo triunfe en agosto en Vila-real,… Incluido el departamento de Cultura dirigido por Alberto Ibáñez “por poner las cosas tan fáciles”, en palabras de su directora. Enhorabuena.

La tarde ya había empezado con el listón alto. El Gran Karoli y su espectáculo sobre ruedas a caballo entre los malabares, el teatro y el humor, mucho humor y un lloro final. Quienes vistéis el final me entendéis. Un homenaje a un pedazo de artista dedicado al circo ahora en solitario. Uno de esos trabajos que conecta con el público (y si no que se lo pregunten a Xavi). Y con el tiempo justo para moverse de escenario, la música balcánica de La Trocamba Matanusca. Una invitación a bailar y no parar, con ese sonido metálico tan característico del trombón, de la tuba, de la trompeta y el saxo acompañados por el clarinete, la percusión, la guitarra y el bajo.

Ya lo dijeron cuando se presentaron: “A nosotros nos gusta tocar, nos gusta mucho”. Y tanto que les gusta. La directora del Malabara’t tuvo que acercarse y hacerles una señal de que cortasen porque el tiempo se les echaba encima y Zirkus Frak ya estaba preparado. De nuevo cambio de escenario. Porque en el Malabara’t todo sucede en el mismo espacio, la explanada frente a la ermita, pero nada está quieto. El público ya sabe que ahora toca mirar hacia aquí, después girarse hacia allá, ahora hacer media luna en este otro espacio…

Zirkus Frak demostró qué se puede hacer en el mástil. Con sobriedad y con un toque de humor que captaron, sobre todo, los adultos. A los niños y a las niñas los ojos no se les podían abrir más. Un espectáculo que acabó cuando parecía que no había acabado. Pero sí. Y después el Rompe Récords, una actuación en la que sonó la sintonía del Coche Fantástico y que concluyó con una escena emulando a la célebre película Carros de fuego. Chapó. Y chapó también a los tres elegidos del público que se enrollaron para hacer posible el juego.

Y el punto final, como ya os hemos dicho al principio, las acrobacias imposibles de los murcianos UpArte. Sensacional. Esta es la crónica de Espai Menut de una pequeña parte de un festival que se ha hecho grande en tres años. Porque Malabara’t ha sido mucho más: tres días intensos con jornadas de mañana, tarde y noche. Un encuentro de malabaristas en el que los malabares pueden caer, pero no parar. Porque mientras unos actúan, otros ensayan. Un certamen que quiere hacer cantera con sus talleres (para grandes y pequeños) y que convierten el Termet en una escuela de circo al aire libre. Esto engancha. Quien prueba repite.

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