A la Horchatería Vida no se llega por casualidad. Uno tiene que buscarla. Entrar en su página de Facebook y, con ayuda de Google Maps, sortear rotondas, viveros y puentes hasta dar con ella. Está en la huerta de Alboraya, rodeada de campos de cebollas, cacahuetes, alcachofas y chufas. Un trayecto que no muchos valencianos se deciden a recorrer para tomarse una horchata, una leche merengada o unos fartones artesanos tan típicos de la zona. Los nativos prefieren quedarse en la ciudad o, a lo sumo, acercarse a la Avenida de la Horchata o a la Calle Colón, donde locales como Daniel, Toni o Panach cuentan con terrazas y donde los autobuses y metro tienen parada. En la Horchatería Vida, los únicos vehículos que tienen cabida son el coche, la moto o la bicicleta. El transporte público queda muy lejos de allí, casi tanto como el ruido y la polución a la que los bares y las horchaterías urbanas nos tienen acostumbrados. Y es que, además de su horchata con el punto exacto de azúcar, éste es uno de los atractivos de este local: la sensación de estar en un mundo donde las prisas no existen y donde los niños, como antaño, pueden jugar solos, sin ser perseguidos por padres o abuelos y sin entonar el típico “me aburro”.
Allí hay césped donde revolcarse, pavos, gallinas y conejos que observar y columpios en los que jugar. Por haber, hay hasta un aparcamiento de bicis y una pequeña tienda donde comprar las verduras y frutas que se cultivan en la misma alquería. Vamos, que excepto urbanitas hay de todo. Ellos se lo pierden. Fotos: Ainhoa Boix (Conlosnanos.com)












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