El Festival de Teatre de Carrer se gana al público con clown y humor, mucho humor

Una puerta, una silla, una mesa de tres patas, un perchero, una cómoda y el marco de un supuesto espejo. Y todo muy destartalado. Poco más necesitó Leandre para crear un escenario teatral que cautivó a las decenas de personas (al menos 400 pese a la amenaza de lluvia) que se acercaron a la plaza de la Vila de Vila-real para disfrutar de la segunda jornada del Festival Internacional de Teatre de Carrer.

Una cuerda roja delimitaba el escenario. A un lado Leandre, y al otro el público. Pero muchos la tuvieron que traspasar de la mano de un actor, de un clown como la copa de un pino que se metió al público en el bolsillo de principio a fin. Como el chaval al que le tocó hacer de caco, o a la chica que no paraba de reír y que tuvo que salir a escena para recuperar su bolso, o al señor que improvisó un papel de clown para una pareja de chicos que también fue ‘víctima’ del teatro cercano, participativo y divertido de Chez Leandre. Y, por supuesto, al hombre que hacía de alter ego de Leandre al otro lado del espejo. Simplemente chapó. Todos abrieron la puerta del juego que propuso Leandre.

Una cerrada ovación despidió al actor que despediría dos horas más tarde la sesión vespertina del Festival. Pero antes Las Polis,de la compañía La Jiribilla, un espectáculo de clown de calle que fue de menos a más y en el que el público también colaboró. Aplaudió, gritó, se identificó y río a carcajadas con algunas de las escenas, especialmente cuando las dos polis arrancaron a correr por la rampa de la plaza Mayor o cuando al final del espectáculo se llevaron por delante una papelera, no sabemos si como parte del espectáculo o no.

Y después, casi sin descanso, Murmuyo y Metrayeta siguieron con la gresca. De la plaza de la Vila a las calles peatonales y de ahí a la plaza Mayor para poner punto final a su espectáculo ¿Quieres ser mi amigo? El público se lo pasó en grande. El hilo conductor de todos los espectáculos era involucrar al público en las obras, y vaya que lo consiguieron. Un teatro de calle, que de tan cercano te hace formar parte de él.  Que levante la mano el que no participó de una u otra manera: saliendo a escena, dando su nombre a las polis o dejándose enrrollar por una cinta adhesiva.

La proximidad espacial de las obras y la coordinación horaria permitió seguir con facilidad todas las propuestas. Bueno, para seguir a Murmuyo y Metrayeta había que estar en forma así es que se apuntaron los más jóvenes. Más de tres horas de teatro a pie de calle. Una gozada.

Si todavía no habéis ido, hoy domingo tenéis la oportunidad de disfrutar de la última jornada (si la lluvia, que ayer casi estuvo a punto de aguar la fiesta, lo permite). Puedes consultar las obras, compañías, horarios y mapa de situación, tanto en la sesión matinal como en la de tarde, en este artículo.

Carme Ripollés/ACF Fotógrafos

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