Por una vez, los padres van a divertirse más que sus hijos en una actividad enfocada al público infantil. No hay engaño ni trampa. Tan sólo un taller didáctico que nos acerca al arte caligráfico chino y que, por su enfoque y duración y por la exposición de la que recibe el nombre, permite a los progenitores disfrutar el doble que en otras ocasiones: primero, con los trazos de los artistas contemporáneos Gu Gan y Pu Lieping y, segundo, con los de sus vástagos, que tienen la oportunidad de mostrar sus dotes pictóricas y creativas en esta sesión.
El taller en cuestión se llama Caligrafía china moderna. Obras de Gu Gan y Pu Lieping y el museo que lo acoge hasta el próximo 23 de diciembre es el Instituto Valenciano de Arte Moderno, IVAM. Y, como cualquier iniciativa que impulsa esta entidad cultural, es gratuita, tiene lugar todos los domingos a las 11.00, 12.00 y 13.00 horas y cuenta con profesionales especializados que guían a grandes y pequeños en las diferentes actividades que se dan dentro de ella. Recomendado para niños y niñas de a partir de 5 años.
La metodología es la siguiente: antes de dar inicio el taller y después de visitar la exposición, los más pequeños ven un vídeo donde se explica en qué consiste eso de la caligrafía china y se muestra cómo expertos en este arte milenario cogen el pincel y lo mueven a lo largo del lienzo. Finalizada esta pieza audiovisual, los niños entran en la sala de actividades acompañados de uno de sus progenitores –si el aforo lo permite, pueden acceder los dos padres– y con témperas, tinta china y pinceles de diferente grosor elaboran un dibujo libre y trazan en él alguno de los ideogramas expuestos en la pared del recinto. Más tarde, repiten operación en una cuartilla donde se muestra, paso a paso, cómo se representa un símbolo chino.
El resultado de este taller es más que bueno. Los niños, arremangados hasta los codos, mojan el pincel en agua, primero, y en pintura, después, y lo extienden cuidadosamente por el papel ante la mirada orgullosa de monitores y progenitores. Los padres, con una servilleta en una mano y con una pequeña brocha en la otra, ayudan a sus hijos a dibujar e interpretar los caracteres chinos que hacen referencia al hombre, a la luna, al amor o a la amistad. Una hora después, grandes y pequeños salen del museo algo manchados pero con la sonrisa puesta.












